jueves, 2 de marzo de 2017

VASIJA DE BARRO: CAPRICHO DE ALFARERO

Te has acercado a mi blog, tal vez por casualidad, tal vez buscando alguna novedad....Antes de seguir, permite que te agradezca tu visita. Si lo deseas, puedes dejar tu comentario. Gracias. 
La imagen de polvo y barro que nos trajo el miércoles de ceniza y con la que abrimos el Pórtico de la Cuaresma, nos servirá de pauta para desgranar estas estas líneas. 

No existías hasta que Alguien te pensó.
Alguien se enamoró de tu barro y te amó.
Tomó tu polvo desmembrado y jugó caprichosamente con tu barro.
Al contacto suave de la amorosa mano de Alfarero,
      ibas creciendo,
      ibas haciendo cabida en tu ser,
      ibas formando cuenco de acogida,
      ibas aglutinando aquel polvo en barro amasado,
     ibas... haciendo realidad el sueño de un Alfarero:

¡ COMENZABAS A SER..! 
Tu ser, fue fruto de un pensamiento de Amor.
Tu ser, fue realidad gracias a una ternura inefable.

Jugaba mucho con tu barro,
tú eras feliz entre Sus Manos,
         te miraba,
                 te pensaba,
                                                                          te moldeaba,
                                                                                    te amaba...
por eso, el Alfarero. al concluir su tarea, fijó en ti sus ojos con inmenso cariño y exclamó:
                  - “Ya tengo tu NOMBRE. Te llamarás: CAPRICHO DE ALFARERO
 

No podía llamarte de otra forma, porque tú eras:
                   su juguete cantarín, su sueño realizado,
                                 su ilusión colmada, su vasija de barro única,
                                               su... CAPRICHO.
 
También tú te miraste, pero... ¡sentiste vergüenza!
                    - “¿Por qué de barro? – decías-
Luego, tu mirada se volvió hacia el fondo de tu ser: ¡ Tenías un TESORO!
Sin duda, lo había depositado El. ¡Y lo amaste!
Amaste tu vacío
                           como parte integrante de tu ser,
                           como embrujo arrollador que te envolvía más y más,
                           como fuerza cautivadora que te sumergía en profundidades no soñadas.

Y pronto, muy pronto, sentiste necesidad de llenarlo.
Y te afanabas... en vano.
Tu vacío se hacía inmenso, cobraba dimensiones cósmicas,
tenía un fondo inalcanzable, era... casi infinito.
                   - ¿Cómo llenarlo? Te preguntabas.

 Pero un día, ¿recuerdas?, el Alfarero vino a pedirte el TESORO.
No comprendías su locura de Amor por tu barro.

¿Para qué pedía tu vacío?... Seguías preguntándote.
             - Capricho de Alfarero, si Yo te dí el ser, ¿Vas a negarme “tu nada”? - te dijo el Alfarero.
No supiste contestar.
Pero un deseo secreto y misterioso, te impulsaba a conservar para EL, el cuenco vacío de tu ser.
¡Y le ofreciste “tu nada”!

En aquel momento, pequeña vasija de barro, te inundaste:
                                 de la llenez de ser poseída,
                                 de la plenitud de ser amada,
                                 de la paz de estar en EL,
                                 del gozo incontenible de existir.

Te abandonaste en Sus Manos,
y permitiste al Alfarero, que jugara de nuevo sus caprichos con tu barro.
Y El jugó:
        te zarandeó,
                 te acarició,
                          te amó,
                                  y... te destruyó...
Tú volviste a ser una masa informe de barro, más tarde, polvo olvidado.

No te quejabas. Lo habían hecho Sus Manos de Alfarero,
además, ¿de dónde sino del polvo, te había dado ser?

 El... seguía amando tu polvo.
Tú... encontraste la Plenitud del SER en el “no ser “ de tu existencia.  Y dijiste silenciosamente:
.....Y cuando comprendiste esto...celebraste la mejor Cuaresma de tu vida
                                                                                                               A. Castro

                                           Y ahora, te invito a cantar: El Alfarero

No hay comentarios:

Publicar un comentario