sábado, 18 de marzo de 2017

¿DÓNDE VAS, SAMARITANA?

           De la lectura de Jn 4, 1-30 en este III domingo de Cuaresma, surgieron estas líneas que te ofrezco.

          ¿Dónde vas, samaritana, con tu cántaro vacío?. ¿Dónde vas, en la tarde calurosa de tu tierra, con el sol agotador de tu país? Vas triste y cansada. No flotan ligeros tus cabellos. Sientes en tu vida el peso de los días pasados, la carga abrumadora de tu soledad. Te ha vencido el calor. Te ha dominado la sed. Y ahora, vienes deprisa a saciarla a este pozo que tampoco te saciará. 

          Traes entre tus finas manos, el barro de tu cántaro vacío. Traes en tu corazón oculto, el barro de tu ser envejecido. 

          Tu mundo es tu cántaro, y tu camino el que te acerca al brocal del pozo. Has bebido mucho agua y no sientes saciada tu ser. Has recorrido otros senderos y sólo te alejan de ti. 

          Tienes sed. Vienes con ansiedad a colmar tu viejo cántaro y luego, como tantas otras veces, se acabará, y tú volverás y así una y otra vez... ¡Por eso vienes cansada! ¿Sabes? 

           Aligera tu paso, Samaritana. Levanta tu cabeza al viento y no temas acercarte: en el brocal del pozo te espera Alguien que padece tu misma enfermedad: Tiene sed. Mira, tiene sed y necesita la tuya. También está cansado, como tú. Y necesita tu cansancio para descansar. Da de tu sed al sediento y sentirás el frescor de una nueva vida. 

          Te acercas, y no lo ves. Echas la cuerda del pozo y sube el agua a borbotones. Acercas tu boca ansiosa, quieres saciar tu sed con tu agua, y sólo piensas en ti. También El tiene sed, y... ¿no ves que no tiene con qué sacar agua? No te extrañe su demanda: 
                                            - “Dame de beber” 

          No es agua del pozo lo que te pide el judío. Es el agua de tu sinceridad y tu amor, de tu don y tu amistad, de tu mismo ser, pero tú no puedes entender. ¡Estás demasiado vacía! ¡Como tu cántaro! 

           Pero en tu corazón roto, en tu alma lacerada, era posible sembrar.Y pronto surgió la vida. 

          Abre tu corazón a su palabra: El dice Verdad ¿no es eso lo que buscabas? Tal vez te extrañaste de su porte, tal vez te sorprendió su compostura. No podías admitir su sencillez, transparencia y suavidad, frente a tu nerviosismo, ceguera y suciedad. Pronto, tú misma lo descubriste: “El dice Verdad”. Y tú te dejaste sorprender por ella. 

           El sigue hablando y vas recobrando vida. Quieres entender pero aún tienes tu cántaro vacío entre las manos. Es necesario que dejes el cántaro. Es necesario que dejes de mirar a su fondo oscuro y siempre igual. Rómpelo , si es preciso, ante El, y recobrarás el agua vertida en torrente de manantial. ¿No sientas ya? Es la vida que nace, es el manantial que brota, es la luz que ilumina, es el agua que sacia, es... tu mismo ser que descubre tu interioridad y quiere salir.  

          No te calles, Samaritana. No apagues la vida que te nace. Díselo:  
                         - “Dame de beber”  

          Y El te dará. Tu sed ya no será tuya. Y el mismo te dirá: 
                    - “Has dicho verdad” 

         También tu eres sincera. Has reconocido tu vida ante El, y en este momento, tu cántaro se ha roto. Miró a través de tus ojos y vio verdad, transparencia, pureza, luz.

           Ya podéis entenderos porque vais encontrando algo en común. 

           Párate, Samaritana. Bebe. Bebe. Sacia tu sed. Ya no necesitas cántaro porque sería insuficiente. 

          Y lo has hecho. Has bebido con fuerza en las Aguas de la Vida. Y sin saberlo te has convertido en Apóstol, sabes de muchos sedientos y quieres que vengan al Pozo. Y vas corriendo a buscarlos. Ya no pensabas en ti. Lo habías aprendido de El. Sacias tu sed y la suya. Le brindas tu ser a borbotones, como el agua que fluye del manantial. Y tu cántaro rebosa, y tu vida se plenifica. 

          Ya sé dónde vas, Samaritana: 
 A LLENAR TU CANTARO Y CALMAR TU SED.     
                                                                                         A. Castro 


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