sábado, 11 de junio de 2016

¿ ME DEJAS, SEÑOR ? Domingo XI _ T.O. Ciclo C

¿ ME DEJAS, SEÑOR ?
¿Acercarme a ti, a pesar de las murmuraciones y críticas sobre mi vida? 
¿Derramar el perfume de mis obras, 
a pesar de hacerlo con cuentagotas?

¿ ME DEJAS, SEÑOR ?
¿Agradecer, con mi llanto, tu presencia que me rescata y me renueva?  
¿Olvidarme de lo mucho que me separa de ti? 
¿Acercarme, con un corazón humilde, para que tu lo restaures? 
¿Lanzarme con pasión a la búsqueda de tu rostro? 

 ¿ ME DEJAS, SEÑOR ?
Hoy, como aquella mujer, 
también quiero pasar de la oscuridad a la luz,
de la debilidad a la fortaleza, del pecado a la gracia, 
de la muerte a la vida, del distanciamiento a la comunión contigo.

¿ ME DEJAS, SEÑOR ?
Hoy, como aquella mujer, a la que no le tembló el pulso, 
quiero hacerme hueco en medio de tanto obstáculo 
que me impide llegar a ti, Señor. 
No sé si tengo total arrepentimiento, 
lo que sí sé, es que sin ti, el perfume de la vida me sabe a poco
y las lágrimas de cada día se secan pronto 

¿ ME DEJAS, SEÑOR ? 
Solo te traigo lo que en el corazón tengo: amor, 
y así, solo así y entonces, podré de verdad…irme en paz.  

GRACIAS, SEÑOR,  POR TU AMOR Y TU PERDÓN
(Al hilo del Evangelio de Lucas 7,36-8,3) 

domingo, 15 de mayo de 2016

PASCUA DE PENTECOSTÉS

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Espíritu Santo, ven, hazme reconocer tu acción en mí, como en la primera creación, por la que el Hacedor de todo, al final de cada jornada, vio que todo era bueno. Recrea en mi alma la bondad, la verdad y la belleza, por las que yo siempre pueda sentir el cimiento de mi estabilidad personal, al saber y reconocer la huella de tu acción. 
¡Ven, Espíritu Santo, y recrea en mí tu proyecto!

Espíritu Santo, ven, muéstrame, como lo hiciste en tiempos de Noé, la señal de paz, de vida, de habitabilidad, que me haga confiar y entregarme. Que no me encierre dentro de mí de manera ensimismada y egoísta, sino que salga a compartir la tarea y colabore contigo en la obra inmensa de hacer este mundo mejor, una casa habitable, en convivencia y en paz. 
¡Ven, Espíritu Santo, y visítame con tu paz, signo de que cumplo la voluntad de Dios!
  
 Espíritu Santo, ven, y, como lo hiciste en tiempos de Moisés, descendiendo sobre la tienda del encuentro, santuario de tu presencia, desciende sobre mí, cúbreme, habítame, abrázame, sumérgeme, que respire tu vida en mí, que te encuentre dentro de mí, que camine bajo tu luz o bajo tu sombra, pero siempre llevando en mi conciencia que soy persona habitada, y considere a quienes miro reflejo del don de tu aliento.  
¡Ven, Espíritu Santo, acompáñame siempre y así no perderé nunca la conciencia de que me habitas!
   
Espíritu Santo, ven, y como hiciste en tiempos de los profetas, fortaléceme para que tenga el valor, la fuerza, la energía de anunciar el mensaje del amor y de la misericordia, de la justicia, y de la bondad de Dios a todos los que hoy peregrinan por la vida y se cruzan en mi camino o viven junto a mí. Para que se anuncie la Buena Noticia entre los más necesitados de pan y de esperanza.
¡Ven, Espíritu Consolador, hazme instrumento de tu misericordia!
  
 Espíritu Santo, ven. Tú puedes, como en los tiempos de Ezequiel, revitalizar lo seco, lo inerte, hasta lo muerto, y hacer que se convierta en signo de vida y de esperanza. Tú eres quien da vida, rehabilita, endereza a los que ya se doblan. Tú fortaleces.  
¡Ven, Espíritu Santo, Señor y dador de vida, haz que nunca pacte con la inercia ni con la apatía, y que gracias a ti sea signo de vida!  

Espíritu Santo, ven, sé fuego, ardor en el corazón, valentía en el ánimo, motivo para testimoniar la experiencia desbordante de tu moción consoladora, de tu llamada, para ser testigo de Jesucristo resucitado, razón de la fe. 
 ¡Ven, Espíritu Santo, enciende en nosotros el fuego de tu amor!  
Espíritu Santo, ven. Tú puedes, como lo hiciste con los discípulos de Jesús, vencer el miedo, el escepticismo, la desesperanza, el tedio, la huida, la vergüenza, el cansancio. Sé que gracias a ti vivo, respiro, tengo ilusión, ánimo, fuerza, fe, deseos de bien, pero Tú conoces mi debilidad, mi pobreza, mi pecado, mi estado crónico. ¡Ven en ayuda de mi debilidad! 
( P. Ángel Moreno de Buenafuente)
 

sábado, 14 de mayo de 2016

LOS NOMBRES DEL ESPÍRITU SANTO - 7 -

CONSOLADOR 

Espíritu Santo, te invocamos como CONSOLADOR: 
el Señor Jesús te envió para que estuvieras junto a nosotros muy atento y nos sacaras de nuestras tristezas, abatimientos y desolaciones.
Hoy muchos reprimen sus lágrimas porque hay quien no las considera estéticas y soportan clandestinamente el dolor y el llanto que producen las heridas del corazón, las rupturas de la amistad, la infidelidad familiar, la necesidad insatisfecha de una relación… Jesús Resucitado se acercó a María Magdalena, y le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” 
 Tú también tienes la misión de acercarte a nuestras lágrimas, y de dejarnos expansionar el ser, uniéndonos a tus gemidos.
Necesitamos expresar sin miedo ni rubor nuestros intentos fallidos por conseguir la felicidad a través de la posesión de los bienes y de las relaciones interpersonales.
Duele mucho convencerse de la torpeza reiterada en el uso de los bienes de manera egoísta, y sobre todo en las relaciones personales, que dejan el sabor, en el mejor de los casos, de nostalgia y tristeza.
Convierte nuestro llanto en don, nuestras lágrimas en drenaje de toda angustia; que sean alivio, desahogo, liberación, porque nos las recoges Tú, ESPÍRITU CONSOLADOR.
Hoy es muy frecuente acudir a algún centro de escucha, a quienes profesionalmente se dedican a acompañar en el duelo, a quienes tienen palabras de consuelo, o simplemente permanecen silenciosos, ofreciendo su cercanía en momentos de intenso dolor.

Cuando suceden catástrofes, accidentes con víctimas, enseguida salta la noticia de la presencia voluntaria de personas expertas en acompañamiento.
Y casi nunca sabemos que se te invoque a ti como verdadero y GRAN CONSOLADOR, cuando eres Tú quien se ofrece a través de los mismos profesionales.
Eres Tú, AMIGO DEL ALMA, dulce huésped interior, maestro de oración, Señor y dador de vida, luz de los ojos interiores y fortaleza del ánimo, quien en verdad consuela por dentro. ¡Cómo cambia el ánimo cuando se aposenta la paz en las entrañas!

Tú eres el DADOR DE LA PAZ INTERIOR, la que proviene del perdón y de la misericordia, regalo del Crucificado para todos los que se abren a la gracia reconciliadora, desde la humildad y el reconocimiento de la pobreza y necesidad personales.
Eres tregua en la fatiga, DESCANSO en el duro trabajo, alivio en nuestro esfuerzo, brisa en horas de fuego, gozo interior y consuelo profundo, más allá de las circunstancias favorables o aciagas que acontezcan. 

Espíritu Santo, CONSOLADOR, Tú me conoces por dentro, ven, extiende tu mano sobre mí, bendíceme con la moción consoladora, la que acredita el camino a seguir, pues significa que se avanza por la senda de tus mandatos.
 (P. Ángel Moreno de Buenafuente)

viernes, 13 de mayo de 2016

LOS NOMBRES DEL ESPÍRITU SANTO - 6 -

LUZ DE MIS OJOS 

Espíritu Santo, Tú eres la LUZ INTERIOR, 
la que ilumina las entrañas y el corazón; tú dejas ver el horizonte luminoso de la esperanza. Espíritu Santo, ilumina mi alma para que sepa seguir el rastro de la bondad, de la verdad y de la belleza, y no me ofusque con luces de artificio, ensoñaciones engañosas, ni con deseos oscuros. 

Gracias a TU LUZ, se reconoce la semilla de verdad que hay en cada ser, y se aprecia la bondad que reside en cada corazón. 
Déjame ver siempre la huella de tu imagen en lo más profundo de mi ser, que no pierda la conciencia de saberme diseño divino, y no apague con mis obras el fuego de tu amor. 

Tú eres don de sabiduría, de entendimiento, de consejo, LUZ indeficiente que permite discernir lo bueno, lo perfecto, lo mejor; Tú conduces hacia lo que se presenta al alma como más luminoso y bueno. 

Gracias a tu inspiración y a tus mociones interiores, permites seguir el camino de la voluntad divina, y te conviertes en acompañante seguro al dejar impreso en la conciencia el rastro luminoso que lleva a la alegría, a la paz y a la plenitud. 
ESPÍRITU DE LUZ, ven, para que no me confunda ni me deje atraer por falsas luminarias, que deslumbran con su brillo efímero, y hasta pueden llegar a quemar el alma.
 Tú puedes hacerte presente de muchas formas, y una de ellas es con la claridad interior, que permite saber valorar y discernir los acontecimientos, pero sobre todo, hace ver por doquier la presencia del querer divino. Puedes llegar a dibujar en las entrañas el rostro amable de quien es razón de todo seguimiento, el Ungido, que se mostró como LUZ DE LAS NACIONES. 
Gracias a ti podemos convertirnos en hijos de la Luz, hijos del día. 

TÚ ERES LÁMPARA para nuestros pasos, Tú eres la intuición sabia que asiste a los que te buscan con sinceridad de corazón. 
Ven, que no me arrogue seguridad vana, capaz de llevarme por donde no Tú puedes dejar sentir en el hondón del alma la presencia divina e iluminar las habitaciones interiores con la certeza de que somos habitados. aprovecha.

Ven, Espíritu Santo, y enciende en nosotros la hoguera de tu amor, LA LUZ Pascual que nos guíe por el desierto de la vida.
 (P. Ángel Moreno de Buenafuente)